El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que Washington y Teherán han alcanzado un acuerdo para poner fin al conflicto que enfrentaba a ambos países desde hace meses y reabrir el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el transporte mundial de petróleo y gas. El pacto, según ambas partes, será firmado oficialmente el próximo viernes en Ginebra, en Suiza.
Trump lo celebró con un mensaje en el que proclamó: “¡Que fluya el petróleo!”, subrayando la importancia económica de la reapertura de un paso por el que, antes de la crisis, transitaba cerca de una quinta parte del comercio energético mundial. La noticia provocó una caída inmediata de los precios del crudo y una reacción positiva en los mercados internacionales.
El acuerdo contempla el fin de las operaciones militares entre Estados Unidos e Irán y la retirada del bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes. A cambio, Teherán permitirá la reapertura del estrecho y garantizará la navegación comercial. El documento establece además una tregua de 60 días durante la cual ambas partes negociarán cuestiones más complejas, entre ellas el futuro del programa nuclear iraní y un posible alivio de las sanciones económicas.
La mediación ha contado con la participación destacada de Pakistán y Catar. El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, confirmó que el texto ya ha sido aceptado por las dos partes y que la ceremonia de firma tendrá lugar en Ginebra. Tras ella, comenzarán reuniones técnicas destinadas a desarrollar los compromisos incluidos en el memorando.
No obstante, persisten incógnitas sobre la aplicación práctica del acuerdo. Diversas informaciones apuntan a que la gestión futura del estrecho seguirá bajo supervisión iraní y que aún existen diferencias sobre aspectos esenciales del programa nuclear de la República Islámica. También se mantiene la incertidumbre sobre el papel de Israel en la nueva etapa y sobre el alcance real de una eventual retirada de sanciones.
Pese a esas reservas, el anuncio supone el avance diplomático más importante desde el inicio de la guerra y abre la puerta a una normalización gradual del tráfico marítimo en una zona clave para la economía mundial. La firma prevista para el viernes será el momento decisivo para comprobar si el compromiso político




