El proceso de paz entre Washington y Teherán atraviesa su momento más delicado. El ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, regresó a Islamabad para participar en nuevas conversaciones orientadas a poner fin a la guerra con Estados Unidos, según informaron los medios estatales iraníes, pero el presidente Trump canceló el desplazamiento de sus enviados a Pakistán. Trump descartó cualquier viaje largo de sus representantes: “Si quieren hablar, que vengan a nosotros, o que nos llamen. Existe el teléfono”, declaró el domingo.
Las conversaciones de paz están estancadas: Irán rechazó reunirse directamente con los negociadores estadounidenses en medio de las tensiones persistentes por el estrecho de Ormuz, cuyo cierre ha sumido a varias zonas de la capital iraní en apagones y ha forzado el cierre anticipado de fábricas y restaurantes. Mientras tanto, Araghchi intensifica su agenda diplomática: el canciller iraní tiene prevista una reunión con el presidente ruso Vladimir Putin en Moscú este lunes.
El escenario regional sigue siendo volátil. El frágil alto el fuego en el Líbano está bajo creciente presión, con Israel y Hezbolá aumentando sus ataques mutuos pese a la prórroga acordada. Las conversaciones mediadas por Pakistán siguen siendo el único canal activo, aunque cada vez más incierto. Para España y Europa, el conflicto tiene implicaciones directas: el encarecimiento de la energía y la presión sobre las rutas de comercio internacional son variables que el Gobierno de Sánchez deberá gestionar precisamente hoy, en su cita con los grandes inversores globales en Madrid.




