Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reunieron este jueves en Chipre para una cumbre informal marcada por la situación en Oriente Medio, la guerra en Ucrania y la necesidad de reforzar la autonomía energética y de defensa del bloque. La cita tiene además un marcado valor simbólico: es la primera en muchos años sin la presencia de Viktor Orbán, cuya derrota electoral en Hungría este mes ha eliminado el principal obstáculo a los avances de la UE en materia de apoyo a Kiev.
Tras aprobar el crédito de 90.000 millones de euros para mantener a flote a Kiev durante los próximos dos años, así como el vigésimo paquete de sanciones contra el Kremlin, los líderes europeos se comprometieron a acelerar las negociaciones de adhesión de Ucrania al club comunitario. El presidente francés Emmanuel Macron reclamó un calendario preciso para Ucrania y Moldavia, aunque los socios advirtieron de que no habrá atajos: cumplir las condiciones democráticas y anticorrupción sigue siendo un requisito irrenunciable.
La energía es la otra gran urgencia. Los líderes examinaron las medidas planteadas por Bruselas para atajar el alza de precios derivada de la crisis en el estrecho de Ormuz, que en apenas 52 días supuso un sobrecoste de 24.000 millones de euros en las compras energéticas europeas. También se debatió la posibilidad de activar el artículo 42.7 del Tratado de la UE —la cláusula de asistencia mutua— como alternativa al Artículo 5 de la OTAN, en un contexto en el que las amenazas de Donald Trump de retirar a EE.UU. de la Alianza Atlántica siguen planeando sobre el continente. La cumbre concluye este viernes.




