El ministro de Defensa de Mali, el general Sadio Camara, fue asesinado tras un ataque coordinado de separatistas tuareg del Frente de Liberación de Azawad (FLA) y la filial de Al Qaeda en la región, el JNIM. Su residencia en la localidad de Kati, en las afueras de la capital Bamako, fue el blanco de un atentado suicida con coche bomba. Fue, según los analistas, la ofensiva más ambiciosa y devastadora que ha sufrido la junta militar desde que tomó el poder.
El sábado fue la primera vez que los separatistas tuareg unieron fuerzas con el grupo JNIM vinculado a Al Qaeda, lo que supone un cambio estratégico de enorme trascendencia en el conflicto saheliano. La ciudad de Kidal, que había sido recuperada por el Gobierno en 2023 con apoyo de mercenarios rusos, fue declarada libre por los rebeldes. La caída de Kidal supone un duro golpe simbólico y estratégico para la junta militar maliense y marca la primera rendición formal de fuerzas rusas en una capital regional del Sahel.
Las autoridades malienses decretaron un toque de queda nocturno en el distrito de Bamako mientras confirmaban 16 heridos entre civiles y militares. El ejército reconoció haber abandonado Kidal y anunció que sus fuerzas se reposicionan en una ciudad situada unos 100 kilómetros al sur. La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) condenó los ataques y llamó a la unidad regional. El golpe pone en entredicho la eficacia de la presencia militar rusa en la zona y abre un periodo de máxima incertidumbre para la junta del general Goïta, que aún no ha aparecido en público desde los ataques.




