A la hora en que escribo no sé nada. No sé si el Supremo dictará sentencia sobre la ley de nietos que pretende activar Pedro Sánchez para nada, porque los nietos no van a votar, a no ser que la movilización del fraude sea milagrosa. Si sé que las encuestas le dan a la izquierda un descalabro, aunque en este país de iletrados todo puede variar de la noche a la mañana. Si Sánchez cuenta con los sufragios de los perroflautas, mal asunto, porque los perroflautas no saben ni dónde están empadronados. Bueno, quizá sí, porque como cobran ayudas tuvieron que salir de sus cuevas y de sus cartones, habitáculos en los que suelen crear el nido, sin dar puto clavo. La Puerta del Sol continúa ocupada testimonialmente por los sin techo de Madrid, que por fin van a comer gratis y a veces hasta caliente y con postre, sin pagar impuestos, sin dar puto clavo, con los ñoños al aire y sin lavarse los piños durante semanas, ni limpiarse el culo, porque lo único que no reparten allí son cepillos de dientes y papel higiénico. De lo demás hay de todo, no falta la grifa y aquello es un espectáculo, una fumarola, según me cuentan testigos presenciales. Todavía no sé para qué se mantiene ese campamento absurdo, ni para qué se convoca la huelga contra la oposición, que ya está, o va a estar, en el Libro de los Récords Guiness. A la hora en que escribo tampoco sé cómo se las van a arreglar Sánchez y sus ocho coches de escolta para llegar a la tribuna del desfile de las Fuerzas Armadas para que la gente no lo abuchee, como es tradicional. En años anteriores se bajó del coche al mismo tiempo que el rey, al que nadie increpa. Sánchez ya no sabe qué hacer para evitar los insultos. En este momento, sí sé que ser periodista se ha convertido en España en una profesión de riesgo. Ya han agredido a varios compañeros en Sol, sin que se hayan escuchado quejas de las asociaciones de la prensa, que tienen más conchas que un galápago. Hoy mismo me voy a dar de baja de la de Madrid. Total, para lo que me sirve. Ni siquiera me va a pagar mi entierro. Eso sólo lo hace Casimiro, que es un crack. Pero como tampoco soy gomero, pues eso.



