Incendiar la calle, al más puro estilo del Frente Popular, originó una guerra civil en España, que causó un millón de muertos, según José María Gironella. Nadie lo sabe, en realidad, porque hubo una guerra civil y, paralelamente, una guerra sucia, una guerra de sacas y asesinatos por ambos bandos. Sánchez se ha apuntado a la agitación de la calle, a la desesperada, cuando todas las encuestas y hasta la IA –que, increíblemente, coinciden— revelan que va a ser casi imposible que gobierne. Bueno, quiten el casi: imposible. El PSOE está pagando cloacas que persiguen e intentan eliminar a jueces, Sánchez es una hidra descontrolada que ha falseado resultados electorales en su propio partido, un tahúr de novela que quiere perpetuarse en el poder. Porque, ¿qué hará Sánchez cuando lo pierda? ¿Dónde se va a refugiar? ¿Acabará como Maduro o como Delcy, lavándole los bajos a Trump, que un día fue su más encarnizado enemigo? Sánchez quiere incendiar España con tal de ganar, es el nuevo Largo Caballero español y miren dónde acabó Largo Caballero en la historia. Repasen, de vez en cuando es bueno leer. Tiene una cuerda de asesores que le están aconsejando mal, empezando por ese genio pequeñito llamado Bolaños, tan mal consejero como aquella otra pequeñita Soraya que acabó con Rajoy a costa de salvar a El País. Miren, si España tiene dos dedos de frente, que yo quiero creer que sí, Sánchez estará por debajo de los 100 diputados tras los comicios del 29N. Si es así lo echarán a patadas de su partido los mismos que ahora lo jalean. Parece mentira que sigan en el Gobierno personas presuntamente sensatas, miembros de la carrera judicial, como Margarita Robles y Marlaska. Yo no lo entiendo. Entiendo a culichichis ociosos como Puente y los demás, pero a gente formada, no. Sánchez no sólo no debe ganar, sino que debe desaparecer de la política española para que la decencia vuelva a entrar en la cosa pública de este país. Lo que está pasando en la Puerta del Sol da una idea de la calidad democrática de la sociedad española. No por los que acampan, que al fin y al cabo son unos pocos perroflautas, sino por quienes lo permiten. Y quienes lo permiten están encabezados por el delegado del Gobierno de Madrid, que es el brazo tonto de Sánchez, como ya lo llaman algunos. Pero qué se va a esperar de alguien, como Sánchez, con su hermano condenado, su mujer imputada, su ministro y su chófer en la cárcel, dos secretarios de Organización de su partido imputados por graves delitos, una cloaca que persigue e intenta eliminar a jueces. ¿Es España un Estado fallido? ¿Le saldrá bien a Sánchez la historia reciente de España, incluidos los 141 muertos en el mar de Ceuta, los 46 muertos de Adamuz, los 200 muertos de la dana de Valencia por fallos en las infraestructuras? Son demasiados muertos en un país atormentado por la desgracia y por los malos gobernantes.



