jueves, 15 octubre, 2026

La vida escampa

Quien me conozca un mínimo sabe que tengo ansiedad y que esta, aunque controlada, me ha jodido más veces de las que me gustaría admitir. Y es curioso.

He tenido epilepsia temporal, donde la percepción del mundo cambia: los objetos a mi alrededor alteran su forma, mis manos las veo diminutas, el suelo se acerca… Parece que estoy describiendo a Control. Juegazo, por cierto, pero no. Poca broma, hay gente que se mete unos viajes parecidos y pagando.

Luego tuve —tengo— Barrett corto, una anomalía en el esófago que me lleva al vómito al amanecer y al hacer comidas copiosas. No es nada agradable que por el mero hecho de existir vomites ácido, a no ser que seas un buitre o Kog’Maw.

Desde hace seis años tengo tinnitus. Si en el momento en el que me apareció hubiese tenido una pistola al lado, bueno, pues no hubiera pasado nada, pero menos mal que no había una pistola al lado. Ahora lo llevo bien. De hecho, es mi segunda relación más larga y ya no puedo estar sin el pitido; somos como Naruto y el zorro de nueve colas —si Naruto fuera calvo y gordo, y el zorro un puto inútil que no sirve para nada más que para hacer ruido. Ahora me gusta notar que está ahí, aunque la mayoría del tiempo lo ignore.

Podría seguir este rant personal escribiendo más dolencias físicas y mentales, pero he venido a hablar de «mi libro»: la ansiedad.

Siempre me ha parecido muy cómico que sea nuestra propia mente la que nos ponga en este baremo y seamos nosotros quienes debamos lidiar con la situación. Y sí, trato a mi mente como un ente aparte, pero es que, al menos en mi caso, lo parece.

La ansiedad es un monstruo que espera al momento más feliz del día para aparecer y decirte: «Oye, que estoy aquí, no te olvides de mí». Muchos caemos en el error de no querer verla ni dejarla pasar, cuando hay que hacer justo lo contrario: dejarla entrar, preguntarle qué quiere y entenderla. Porque aquello que aceptamos es aquello que deja de doler.

Si esto lo estuviese leyendo un niño que ha vivido un bombardeo sirio, me cambiaría el puesto sin lugar a dudas y no entendería de qué me estoy quejando; a la par que creo que Paris Hilton tiene todo el derecho a pasarlo mal, muy mal, todo lo mal que quiera si pierde un bolso de Louis Vuitton.

Dios santo, qué ansiedad de texto. Hasta la próxima, amigos.

Kevin D.
Kevin D.https://www.instagram.com/kevindguti/
Viendo el mundo como soy. Editor y bobo, 34.

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