Hay canarios que han dejado una profunda huella en la historia pero que lamentablemente su vida no es conocida por el gran público. Uno de ellos quizás sea Antonio José Ruiz de Padrón, un gomero nacido en el año 1757 en San Sebastián de la Gomera y cuya casa natal aún se mantiene en pie.

Antonio José Ruiz de Padrón, monje franciscano y sacerdote, como otros canarios llegó a la conclusión de que en las islas no había futuro y decidió emigrar a América.
Sin embargo, por esas cosas que nos ofrece el azar, o el designio divino según las creencias de cada uno, una tormenta hizo que su barco se desviara de la ruta prevista y acabó en Pensilvania.
Desde allí se trasladó a Filadelfia, por aquél entonces centro cultural del recién creado nuevo estado y una de las ciudades americanas con más católicos.
Allí conoció a George Washington y a Benjamín Franklin, los cuales lo recibieron con los brazos abiertos y le invitaron a asistir a diferentes tertulias para que explicara su forma de pensar.
A estos, y a todos los que le escucharon, les chocaba que alguien que debía obediencia a Roma fuera tan liberal y criticara de forma abierta a la inquisición y la esclavitud en Cuba.
Tras el periplo por los Estados Unidos regresa a España, seguramente muy influenciado por las nuevas ideas que había conocido de la mano de George Washington y a Benjamín Franklin
Tras su regreso Antonio José Ruiz de Padrón fue nombrado diputado en representación de nuestras islas en las Cortes de Cádiz de 1812. Allí pronuncio un duro discurso contra el Santo Oficia que se haría histórico. Destaco varios párrafos de su intervención:

“El pueblo español ha jurado solemnemente su Constitución…En ella se establece como ley fundamental que la religión católica, apostólica, romana, que es exclusivamente la verdadera, es la religión del Estado y la que la nación protege por leyes sabias y justas …
Pero el pueblo español no ha jurado ni jurará jamás sostener la Inquisición; antes, al contrario, en el mismo acto de jurar la Constitución ha jurado virtualmente la abolición perpetua de este odioso y sanguinario Tribunal como incompatible con la Constitución,
Su discurso terminó de la siguiente forma:
Aquí enmudezco porque un nudo en la garganta no me permite articular; porque la debilidad de mi pecho no me deja proseguir. Las generaciones futuras se llenarán de espanto y admiración. La historia confirmará algún día lo que he dicho, descubrirá lo oculto, publicará lo que callo. ¿Qué tarda, pues, Vuestra Majestad en libertar a la nación de un establecimiento tan monstruoso? Basta.
Ante tan fuertes argumentos se votó y se aprobó acabar con la inquisición en las Cortes de Cádiz.

Cuando regresa el Rey Fernando VII este no acató la Constitución de Cádiz y volvió a activar a la Inquisición. El Santo Oficio lo condenó a vivir encerrado de por vida en un convento, pero él recurrió y logró demostrar que mucho de lo que se dijo sobre él era falso.
Finalmente, Antonio José Ruiz de Padrón murió el 8 de septiembre de 1823 a los 66 años.
Aunque no volvió a su Gomera natal se mantuvo informado por carta de todo lo que ocurría en la isla. En varias ocasiones recordó con nostalgia a la Gomera. A él se le atribuyen unas palabras que resumen el pensamiento de cualquier canario que se aleja de las islas por mucho tiempo.
Estas palabras son su voluntad de “volver a comer gofio y pescado fresco”.



