Los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea se han reunido este lunes en Bruselas en un Consejo centrado en reforzar la presión sobre Rusia por su invasión de Ucrania y en ampliar el apoyo a Kiev. El bloque ha decidido prolongar otros seis meses el conjunto de sanciones económicas y comerciales que viene aplicando de forma progresiva al Gobierno de Vladimir Putin desde 2014, en respuesta a las sucesivas acciones de desestabilización contra Ucrania, desde la anexión de Crimea hasta la invasión a gran escala iniciada en 2022.
En otra resolución adoptada este lunes, el Consejo ha añadido a la lista de personas sancionadas al juez Dimitri Gordeev y a la fiscal Liudmila Balandina, a quienes vincula con violaciones de derechos humanos y con su papel en la represión interna en Rusia. Bruselas considera que ambos han contribuido, mediante actuaciones reiteradas, a acallar a la disidencia y a legitimar el discurso del Kremlin que equipara las críticas al Ejecutivo de Putin con actividades terroristas. El régimen sancionador vigente afecta a los sectores financiero, energético, tecnológico y de transporte, e incluye la prohibición de importar petróleo ruso transportado por mar y la desconexión de varios bancos del sistema internacional de pagos.
La reunión de Bruselas coincide con una jornada especialmente intensa en la diplomacia europea sobre Ucrania: el presidente francés, Emmanuel Macron, reúne este lunes en París a los líderes de la Coalición de Voluntarios, con la presencia de Volodímir Zelenski, Ursula von der Leyen, António Costa y Mark Rutte, en un encuentro centrado en el refuerzo de la defensa antiaérea ucraniana y en las futuras garantías de seguridad para Kiev. La cita se produce además apenas un día después de que Zelenski anunciara una remodelación de su gobierno, con la sustitución de la primera ministra Yulia Svyrydenko. Los líderes europeos permanecerán en la capital francesa hasta este martes, jornada en la que Macron ha decidido dedicar el desfile militar del 14 de julio al «despertar estratégico europeo», en un gesto simbólico que subraya la creciente prioridad que Bruselas otorga al rearme y a la autonomía de defensa del continente frente a la guerra en el este de Europa.




