China y la Unión Europea firmaron esta semana en Bruselas una Declaración Conjunta, la primera desde 2019, con el objetivo de frenar la escalada de tensiones comerciales entre ambas potencias. El acuerdo, alcanzado en una reunión entre el ministro chino de Comercio, Wang Wentao, y el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, activa un mecanismo de consultas que se prolongará hasta octubre de 2026 para abordar los desequilibrios comerciales, las inversiones y los controles de exportación.
El déficit comercial de la UE con China supera ya los 360.000 millones de euros anuales, impulsado por el aumento de importaciones y las barreras de acceso al mercado chino. A ello se suma la dependencia europea de las tierras raras: China concentra el 60% de la producción mundial y el 90% del procesamiento de estos materiales, esenciales para vehículos eléctricos, energías renovables y semiconductores, de los que Europa depende en un 98%. Bruselas, por su parte, mantiene una posición defensiva ante lo que considera prácticas comerciales desleales en sectores como el automotriz.
El comisario Sefcovic anunció que el mecanismo dará inicio formal a las Consultas sobre Comercio e Inversión, centradas en el equilibrio comercial, los controles a la exportación, la propiedad intelectual y la reforma de la Organización Mundial del Comercio, con una nueva reunión prevista en Pekín en octubre. Desde Exteriores chino, el portavoz Guo Jiakun defendió que la relación debe basarse en la reciprocidad, insistiendo en que ambos bloques son «socios, no rivales». El acuerdo se produce además en paralelo a la creciente rivalidad tecnológica entre ambas potencias en el terreno de la inteligencia artificial, donde la UE se ha alineado con la iniciativa estadounidense Pax Silica frente al avance chino.




