En el repertorio de Taller Canario de Canción existen composiciones que trascienden lo musical para convertirse en auténticos manifiestos culturales. «Garaldea», escrita y capitaneada por el músico vasco-canario Rogelio Botanz, es quizás el ejemplo más fascinante de cómo la música de autor en Canarias fue capaz de tejer puentes entre la periferia ibérica y el Atlántico a través de la poesía, el ritmo y la lingüística.
Nos remontamos a 1978, año en que el intelectual, lingüista y político vasco Federico Krutwig publicó su libro Garaldea. En esta obra, Krutwig planteaba una hipótesis audaz: la existencia de una antigua unidad cultural y lingüística de raíz preindoeuropea que conectaba a los antiguos guanches del archipiélago canario con el pueblo vasco. Garaldea se erigía así como el nombre de ese territorio o nexo común milenario. Aunque la lingüística histórica moderna ha matizado y descartado gran parte de estas teorías, el concepto fascinó a creadores que buscaban dar sentido a las identidades periféricas a través de la resistencia cultural.
Botanz, nacido en el País Vasco pero afincado en Tenerife desde los años 70, encontró en esta idea la síntesis perfecta de su propia trayectoria vital. Inmerso en el rescate de la percusión tradicional canaria —con el tambor gomero, las chácaras y los pitos herreños como bandera—, adoptó el término para dar título al tema y para bautizar a los colectivos de investigación e innovación rítmica que impulsó en las islas.
El corazón de la canción se estructura como un espejo donde el euskera y el español conversan en perfecta sintonía, conectando las danzas ancestrales de ambos pueblos:
Batera edo ta bestera Ordudanik honantza Tajarastea bihurri zait Ta hara espatadantza
A lo que la voz en español responde, traduciendo la vivencia del mestizaje:
Vírelo por donde lo viere Desde entonces hasta acá El tajaraste se me encabrita Y suena una espatadantza
El gran acierto poético de Botanz en Taller Canario fue no tratar el ensayo de Krutwig como un dogma histórico irrebatible, sino como una chispa de inspiración. La propia letra asume la teoría con una mezcla de ternura, ironía y esperanza:
Mírelo por donde lo mire la ocurrencia no está mal Guanches y euskaldunes bailando un mismo ritmo ancestral
A lo que responden en euskera, traduciendo y quitándole solemnidad al asunto:
Hau burutazio ederra Ez egin ba zalantza Guantxe ta euskaldunak egiten Antzinatiko dantza
En última instancia, «Garaldea» deja de ser un libro de 1978 para convertirse en un espacio mítico y futuro. Taller Canario demostró que, más allá de la precisión de los libros de historia, el ritmo del tambor y el derecho a soñar una identidad compartida son capaces de unir dos orillas aparentemente lejanas en un mismo repique.



