Puede que Borges tuviera razón: “La democracia es un abuso de la estadística”. El fallecido poeta y amigo Salvador Jiménez, en paz descanse, albacea literario y entrañable que fue de González-Ruano, y yo, estuvimos un buen rato, a bordo de un avión de Iberia, analizando la frase. Hace ya muchos años. Lo que pasa en Ceuta quizá le dé la razón a Borges. Un dictadorzuelo de aldea, como el intelectualmente flojo Pedro Sánchez, mantiene a una ciudad española de 80.000 habitantes en vilo y se va a las televisiones de confianza a recitar como un bobo sus necedades más perversas. Sánchez, si los españoles tienen un poco de cordura, estaría en sus últimos momentos políticos, y en su partido –el viejo y acabado PSOE—se le están revelando los suyos, poco a poco y en silencio, como se hacían las cosas en el Kremlin para derribar a los más duros de la familia comunista: Stalin, Kruschev, Breznev, hasta que llegó la perestroika de Gorbachov. No comparo a Sánchez con ninguno de estos tres pájaros citados, mucho más inteligentes que él. El PSOE jamás ha dado la cara: la oposición al franquismo la hizo el Partido Comunista y Suárez confió en Carrillo para que le ayudara. Y lo hizo más que bien, olvidando Suárez su pasado y haciéndoselo olvidar a los españoles. Archivando las viejas fotos de mi vida, aparezco en una con Santiago Carrillo, en el hotel Santa Catalina de Las Palmas. Lo entrevisté para Televisión Española, en la noche de los tiempos. Era un tío simpático, hablador, que fumaba y tosía constantemente. A mí me pareció un tipo sincero en su nueva versión y cuando el absurdo y loco ataque del ultraderechista Tejero al Congreso demostró su valor: no se tiró al suelo, como el teniente coronel bigotudo le ordenó. No quiero ni imaginar lo que hubiera hecho Sánchez si le hubiese tocado: seguramente habría hecho un Paiporta. Sánchez tiene un problema, que es su cobardía. Sufre también algunas sicopatías que yo creo que le incapacitan para dirigir sólo con dos dedos de frente –no le pido más— un país angustiado, que no llega a fin de mes. Entre otras cosas, lo evitan los subsidios pagados a quienes lo invaden, en medio de una cruel guerra híbrida tramada por Marruecos y sabe Dios por quién más y consentido por un presidente en almoneda.



