Un periodista, estudioso de la teología, acaba de contarle al coronel Pedro Baños, conocido tertuliano, que Sánchez y Zapatero sufren una infección satánica. Que son diabólicos, vamos. Hombre, vamos a ver. Sánchez tiene una mirada inquietante, copia una tesis doctoral, sufraga sus campañas con el dinero de su fallecido suegro Sabiniano, dinero procedente de saunas gay y puticlubs cutres (porque los hay también –dicen— de alto standing), tiene a una mujer imputada por presuntas chorizadas o similares, y a punto de juicio, a dos secretarios de Organización imputados, que sufrieron y sufren prisión como supuestos mamones, a un chófer en el talego, miente siempre, es un cínico y tiene pinta de chulo. Todo esto es verdad, pero no sé si las cosas que he dicho rozan el satanismo o simplemente el bandidaje. Y Zapatero, sí, es un presunto mamandurrión, comisionista de reconocido prestigio internacional, secretaria con chalet a tocateja, hijas con empresa boyante y tenedor de joyas de procedencia dudosa. Sus cejas, es verdad, se asemejan a las de Mefistófeles, comúnmente pintadas por reconocidos artistas. Parece que las semillas fueron obtenidas de las cejas de Breznev, aquel líder soviético de poblados prados supra oculares, que fue felicitado por los concejales de la izquierda lagunera en un aniversario de la revolución bolchevique. El teólogo del coronel Baños insiste en el colapso social de Europa, en la destrucción del Cristianismo y en que Europa Oriental va a ser invadida, más pronto que tarde, por el Putin de todas las Rusias. Pues entre el Putin de Moscú y las putas de las saunas y los vasioletas de las otras saunas del suegro de Sánchez, que Dios nos coja confesados. Y más si al buen Dios se oponen los dos personajes supuestamente diabólicos, estigmatizados por el colaborador del coronel Baños, de cuyo nombre lamento no acordarme. Ay.



