miércoles, 9 septiembre, 2026

La momia que grita: el hijo que conspiró contra Ramsés III y fue borrado de la historia

En una sala del Museo de El Cairo se conserva una momia con el rostro contorsionado en un gesto de agonía, la boca abierta de par en par como si hubiera quedado congelada en mitad de un grito. Durante más de un siglo nadie supo quién era. Los arqueólogos que la hallaron en 1881 la catalogaron con un nombre frío, «hombre desconocido E», y la apartaron como una rareza incómoda entre los faraones perfectamente embalsamados. Hoy sabemos que aquel cuerpo pertenece a un príncipe, hijo de uno de los últimos grandes faraones de Egipto, y que su gesto es la última huella de una traición que estuvo a punto de cambiar la historia.

Momia del «Hombre Desconocido E» encontrada en DB320, posiblemente el príncipe Pentawer, hijo del faraón Ramsés III de la XX dinastía, quien probablemente participó en la «conspiración del harén».

El faraón era Ramsés III, que gobernó Egipto en el siglo XII antes de Cristo y está considerado el último soberano poderoso del Imperio Nuevo. Hacia el año 1155 antes de Cristo, dentro de su propio palacio, se tramó un plan para acabar con su vida. La cabeza de la conjura no fue un enemigo exterior ni un general ambicioso, sino una de sus esposas secundarias, la reina Tiy. Su objetivo era eliminar al faraón para colocar en el trono a su propio hijo, el príncipe Pentaur, que había quedado apartado de la línea sucesoria en favor del futuro Ramsés IV, hijo de otra esposa.

Tiy no actuó sola. A su alrededor se organizó una red amplia de cómplices que incluía a comandantes del ejército, funcionarios de palacio, sirvientes, magos y varias mujeres del harén que hacían de enlace entre la reina y los conjurados de fuera del recinto real. El plan se urdió en la llamada Casa Jeneret, el harén, y aprovechaba la cercanía de los conspiradores al faraón para atacarlo desde dentro. Durante siglos, la duda fue si aquel complot llegó a consumarse o si se quedó en un intento fallido.

Lo que se conserva de aquel episodio no es la crónica del crimen, sino la del castigo. Toda la historia ha llegado hasta nosotros a través de un conjunto de documentos judiciales egipcios: el papiro jurídico de Turín, un rollo de más de cinco metros de longitud, junto con los papiros Lee y Rollin, que forman parte de un mismo texto. Esos papiros no narran el asesinato, sino el juicio posterior a los implicados. Recogen los nombres de los acusados, la composición del tribunal extraordinario que Ramsés III mandó constituir con plenos poderes y las condenas que se dictaron. Por sus páginas desfilan cuatro procesos distintos contra los principales culpables y una larga lista de funcionarios y mujeres comprometidos en la trama.

El Papiro Judicial completo de Turín , la principal fuente de información sobre la conspiración del harén que condujo al asesinato del faraón Ramsés III de la XX Dinastía. Turín, Museo Egipcio | Foto Khruner

En ningún momento afirma con claridad que el faraón muriera. La única pista sobre lo ocurrido es una frase enigmática que menciona que «la barca real fue volcada», una expresión que los historiadores han interpretado durante mucho tiempo como una posible alusión velada a la muerte del rey. Esa ambigüedad alimentó el misterio durante generaciones. Como el cuerpo de Ramsés III no mostraba a simple vista heridas evidentes, muchos estudiosos concluyeron que la conspiración había fracasado y que el faraón había sobrevivido a sus enemigos para morir después por causas naturales, a una edad avanzada.

En 2012, un equipo de investigadores dirigido por el egiptólogo Zahi Hawass sometió la momia de Ramsés III a tomografías computarizadas y a análisis de ADN dentro del Proyecto de Momias Egipcias. Las imágenes revelaron lo que los vendajes habían ocultado durante milenios: un corte profundo en la garganta, una herida en el cuello lo bastante grave como para haber causado la muerte de forma casi instantánea. El faraón no había escapado. La conspiración, al menos en su objetivo principal, había tenido éxito.

Los investigadores extrajeron material genético del «hombre desconocido E» y lo compararon con el de Ramsés III, y las pruebas demostraron una relación directa de padre e hijo. Aquel cuerpo de gesto atormentado era Pentaur, el príncipe conspirador. El hallazgo encajaba con lo que los papiros ya insinuaban sobre su destino: acusado de participar en el complot, fue condenado y obligado a quitarse la vida.

A diferencia del resto de momias reales, cuidadas y embalsamadas con todos los ritos, el cuerpo de Pentaur fue preparado de forma descuidada, envuelto en una piel de oveja, un material considerado impuro, y enterrado sin inscripciones ni ajuar ceremonial. Todo apunta a un castigo deliberado más allá de la propia muerte. La boca abierta, que durante años se interpretó como una expresión de sufrimiento, pudo deberse a que la mandíbula no fue fijada durante la momificación, aunque el resultado, ese rostro petrificado en un grito, ha terminado convirtiéndose en el símbolo perfecto de su historia.

El nombre de Pentaur que figura en el papiro no sería su nombre real, sino una designación impuesta para ocultar quién fue, una forma de condenarlo también en la memoria. En el antiguo Egipto, privar a alguien de su nombre y de un enterramiento digno equivalía a negarle la vida eterna, la peor de las penas imaginables. Sus cómplices no corrieron mejor suerte: según los documentos, varios de los conjurados fueron quemados y sus cenizas esparcidas, para que no quedara rastro de ellos.

Quienes ordenaron su castigo pretendían que Pentaur desapareciera para siempre, sin nombre, sin tumba y sin memoria. Ha ocurrido justo lo contrario. Su rostro contorsionado es hoy una de las imágenes más reconocibles del antiguo Egipto, y su historia, la de un hijo que conspiró contra su padre y perdió, se sigue contando más de tres mil años después. La momia que grita conserva, contra toda voluntad de sus verdugos, el único grito que ha logrado atravesar treinta siglos.

Carlos Méndez
Carlos Méndez
Me gusta escribir desde siempre. No soy escritor profesional, simplemente disfruto poniendo por escrito lo que pienso, lo que observo y aquello que me llama la atención. Me interesa la actualidad, leer diferentes puntos de vista y compartir mis propias reflexiones. Para mí, escribir es una forma de expresarme y de aportar una mirada personal sobre las cosas que suceden a nuestro alrededor.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Información básica de protección de datos

Responsable: Moisés Castilla Melián.

Finalidad: publicar su comentario, sugerencia o valoración. 

Derechos: puede ejercitar su derecho de acceso, rectificación, supresión y otros, tal como aparece en la información ampliada que puede conocer visitando nuestra política de privacidad. https://pagina13.es/politica-de-privacidad/

Compártelo:

spot_imgspot_img

Popular

Otras noticias
Página 13

La CIA avisó al CNI

El corresponsal de Código 10 (La 4) en Washington,...

El Cabildo de La Gomera activa el grado 1 de alerta ante el riesgo de incendios forestales

La Dirección General Emergencias del Gobierno de Canarias ha...