El pasado viernes, Trump publicó en Truth Social que cualquier país europeo que implemente un impuesto a los servicios digitales será objeto de manera inmediata de un arancel del 100% sobre todos los bienes enviados a Estados Unidos, y advirtió que esa medida prevalecería sobre los acuerdos comerciales vigentes. El objetivo de la amenaza son los gravámenes que varios gobiernos europeos estudian aplicar a empresas tecnológicas como Google, Apple, Meta y Amazon por los ingresos que generan en el mercado europeo.
La advertencia llega en un momento especialmente tenso: apenas un día antes, la Unión Europea había aprobado un acuerdo comercial con Estados Unidos que limita los aranceles sobre la mayoría de las exportaciones europeas al 15%, un pacto negociado entre Trump y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que debe entrar en vigor antes del 4 de julio. Sin embargo, los impuestos digitales quedaron fuera de ese pacto y siguen siendo uno de los principales puntos de fricción entre las dos potencias económicas.
A diferencia de lo ocurrido hace un año, cuando amenazas similares agitaron los mercados globales, esta vez la reacción ha sido más contenida. El motivo es el fallo emitido en febrero por la Corte Suprema de Estados Unidos, que despojó al presidente de su principal herramienta para imponer aranceles de manera unilateral al considerar que excedía las facultades presidenciales. Pese a ello, la Comisión Europea advirtió que reaccionará con rapidez y determinación si Washington lleva adelante cualquier medida unilateral que considere injustificada.




