Para salvarse de la quema, Sánchez critica en su medio del alma, la SER, al rey (pasmado) Felipe y le dice que no ha visitado Ceuta en 20 años. Sólo lleva 12 como monarca. El rey tenía que haber abordado un helicóptero militar y haberse plantado en la ciudad española en África, a las primeras de cambio. Es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas. Y es lo que estábamos deseando los españoles de bien, que exigimos un monarca valiente, no una estatua sonriente. Ahora, el sociópata Sánchez tendrá que convocar elecciones y abandonar el cargo, porque las mejores encuestas le dan 100 diputados y muy poquitos a los adulones y aprovechados que le permiten gobernar hoy. Los comicios generales se celebrarán antes de mayo del año que viene, que es cuando tocan las elecciones municipales y autonómicas. Ceuta ha sido la espoleta. Ni siquiera una próxima visita del rey (pasmado) a Ceuta le arreglará el pasodoble al sociópata, que estaba acostumbrado a ayudarse, en la carrera electoral, con las perritas del suegro Sabiniano, procedentes de sus prostíbulos gay. Sánchez, y estoy de acuerdo con Cayetana Álvarez de Toledo, no le perdona a Felipe VI el ridículo que le hizo pasar en Paiporta, cuando la riada. Uno se quedó y el otro hizo un galgo. Estamos ante el final de Sánchez y de su banda. Esperemos que los que vengan no lo hagan tan mal como el otro pasmado, Mariano Rajoy, que fue otra desgracia nacional.



