Ayuso ha sido aclamada en las calles de Valencia. Pero no se lo crean mucho porque Valencia –o al menos una pequeña parte— también aclamó, en un discreto pabellón deportivo, a Óscar Puente, que a mí me parece un protagonista de Gorilas en la niebla. En fin, cuestión de gustos. Abascal, el líder de Vox, ha hecho llamadas a una transición moderada, dando por hecho que Sánchez está políticamente muerto. Y Feijóo quiere resolver la llegada masiva de inmigrantes con deportaciones en siete días. Si lo que dice es verdad habrá dado con la solución. Sánchez está ahora asustado con las arribadas de pateras a El Hierro. ¿Ahora? Las tenía que haber cortado antes, pero se lo impide su propia condición de jefe de una mafia de tal magnitud que le absorbe todo su tiempo justificándola. Su partido ha dejado de existir, o al menos tendrá que tomar decisiones en cuanto a su liderazgo, después del 29N. La campaña no es demasiado agresiva, pero sí se me antoja cómica, porque esos aplausos a Puente en Valencia, propiciados por la ministra del flequillo, parecen más propios del público infantil de un circo jaleando a sus payasos. Es reconfortante pensar que quedan 20 días para que España dé un vuelco y para que los que la han cagado se manden a mudar con rumbo desconocido. Sánchez ya no tiene argumentos a los que agarrarse. Descarga su odio incluso contra periodistas que no le bailan el agua, como se la baila el Club de los 61, los plumillas que han desangrado el erario público en beneficio de su líder carismático. Cuyo carisma se ha estrellado contra su propia mafia, que ha convertido a España en un erial. La campaña, repito, parece, hasta el momento, una balsa de aceite. El resultado está tan claro que no vale la pena realizar grandes esfuerzos. No creo que se produzcan sorpresas, aunque repito lo que he dicho varias veces: alguna traca final tendrán preparada estos que nos han engañado casi ocho años. Confiemos en que la traca sea engullida por la razón: se tienen que ir a su casa. Sin excusas. Las urnas pronunciarán su veredicto. España será lo que quieran los españoles.



