El Observatorio Neil Gehrels Swift, uno de los telescopios espaciales más productivos de la historia de la NASA, lleva meses perdiendo altura a un ritmo que nadie había previsto, y la agencia tiene hasta el 27 de junio para lanzar la única solución que ha encontrado: una nave robótica diseñada en tiempo récord por una empresa de Arizona.
Swift fue puesto en órbita en 2004 para estudiar los estallidos de rayos gamma, las explosiones más energéticas del universo. Durante más de dos décadas detectó más de 2.000 de esos eventos y aportó datos clave sobre la formación de elementos como el oro o el platino. El problema es que nunca se le instaló ningún sistema de propulsión, algo que no parecía necesario cuando fue diseñado. La actividad solar de los últimos años ha calentado y expandido las capas superiores de la atmósfera terrestre más de lo esperado, lo que ha acelerado el arrastre sobre el satélite. Las mediciones de noviembre de 2025 fijaban en un 50% la probabilidad de que cayera a la Tierra antes de mediados de 2026, y en un 90% antes de que acabara 2027. La NASA, que tenía previsto operar el telescopio hasta 2030, tuvo que suspender las observaciones científicas en febrero y reorientar el satélite para reducir la resistencia atmosférica y ganar tiempo.
La solución se llama LINK, una nave de 425 kilogramos desarrollada por la startup Katalyst Space Technologies con 30 millones de dólares que le concedió la NASA. El aparato lleva tres brazos robóticos, motores de efecto Hall y propulsores de control fino, y su misión es alcanzar al Swift, sujetarlo y empujarlo suavemente hacia una órbita más alta y estable. El lanzamiento está programado para el 27 de junio desde el atolón Kwajalein, en el Pacífico, con un método de lo más inusual: LINK irá montado en un cohete Pegasus XL de Northrop Grumman, que a su vez viajará colgado bajo el fuselaje del avión Stargazer, un Lockheed L-1011 construido en 1974 y último ejemplar de su clase capaz de lanzar cohetes desde el aire. Cuando el Stargazer alcance la altitud adecuada, soltará el Pegasus, que encenderá sus motores y llevará a LINK a la órbita del telescopio.
La dificultad técnica es considerable. Swift nunca fue diseñado para ser visitado ni mantenido en órbita, a diferencia del Hubble, que recibió varias visitas de astronautas durante la era del transbordador espacial. Aquí no hay tripulación: es una nave privada intentando capturar un observatorio científico que jamás pensó que necesitaría ese tipo de auxilio. Si la operación sale bien, la NASA podría extender la vida del Swift varios años más y, de paso, abrir un precedente para el rescate de otros satélites que aún funcionan pero van camino de perderse.




