jueves, 18 junio, 2026

Visita del astrofotógrafo Prathamesh Jaju a Gran Canaria

Entrevistamos a Prathamesh Jaju, un joven astrofotógrafo hindú que ha visitado estos días Gran Canaria con motivo de su participación en las actividades paralelas de la Exposición “Destino: La Luna” que se inauguró el 4 de junio en el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología.

La fundación DISA colaboró en su traslado desde la India y su estancia en la isla para que pudiera compartir con jóvenes canarios y público en general su interés por la astrofotografía.

Esta entrevista está realizada por Laura Teresa García Morales, comisaria de la exposición, que ha elegido una foto de La Luna realizada por Prathamesh como elemento destacado dentro de la exposición.

“Canarias siempre estuvo en mi radar como una localización soñada para la astrofotografía”

P. Cuéntanos tu historia: ¿cuándo comenzó tu pasión por observar el cielo? ¿Hubo algún momento concreto que te influyera en este sentido? ¿Compartiste esta pasión con alguien más?

R. Mi trayectoria comenzó en casa, con mi padre. Él se sentaba conmigo a ver películas y series de ciencia ficción: Star Trek, Star Wars, etc. Ese fue mi primer contacto real con el cosmos, aunque fuera a través del prisma de la imaginación. Algo en esas historias se quedó conmigo. A partir de ahí, encontré mi camino hacia JVP, una Asociación de astronomía en Pune, donde resido. Entrar en esa comunidad fue un punto de inflexión. Estaba rodeado de personas que compartían la misma curiosidad, la misma inquietud por lo que hay más allá de nuestra atmósfera. Asistí a conferencias, seminarios y sesiones de observación del cielo… Entonces, una tarde, durante una sesión de observación, noté que algunos miembros apuntaban sus cámaras al cielo nocturno. Los observé trabajar y sentí que algo cambiaba. Quería hacer exactamente eso. Volví a casa y empecé a leer todo lo que pude sobre astrofotografía.

P. ¿Cómo y desde dónde empezaste a fotografiar el cielo?

R. Empecé en mi terraza, con un pequeño telescopio y el teléfono móvil de mi madre. Sostenía el teléfono frente al ocular e intentaba capturar lo que podía, principalmente la Luna. Era rudimentario, incluso un poco cómico visto en retrospectiva, pero ese fue el comienzo. Sin cámara especializada, sin montura de seguimiento, sin software de procesado. Solo curiosidad, un teléfono prestado y un cielo despejado de Pune. Ese sencillo montaje plantó la semilla de todo lo que vino después

P. ¿Qué cámara utilizaste al principio? ¿Cómo has evolucionado desde entonces?

R. Tenía trece años cuando tomé mi primera astrofotografía real. En aquellos primeros días solía pedir prestado un objetivo de cámara siempre que podía, principalmente para perseguir la Vía Láctea. Tenía la motivación, pero no el equipo. Luego ocurrieron dos cosas inesperadas, casi de la nada, y lo cambiaron todo. Un amigo de mi padre me regaló una Canon 1300D y, casi al mismo tiempo, el hermano de mi madre me regaló su propio telescopio. Recuerdo la sensación con mucha claridad. Estaba completamente en las nubes. Tener un telescopio propio, entregado con ese tipo de generosidad, me pareció surrealista. Esos dos regalos, llegados de esa manera, marcaron toda la trayectoria posterior.

P. ¿Cuándo se convirtió tu afición en pasión, y esa pasión en una dedicación profesional?

R. La astronomía nunca fue realmente una afición para mí. Fue una pasión desde el principio. No hubo un cambio gradual, ningún momento en el que pensara “esto se está volviendo serio”. Siempre lo fue. Cada imagen de una nebulosa, una galaxia o un cúmulo estelar añadía combustible a algo que ya estaba ardiendo. Simplemente seguí fotografiando, insistiendo, queriendo más del cielo.

P. ¿Cuál ha sido la experiencia más impactante que has tenido?

R. Ha habido muchas, pero las que más me quedan son las de Ladakh. Imagínate estar a 4.500 metros de altitud, con temperaturas de entre -20 y -25ºC, en un paisaje tan remoto que no hay ninguna ciudad en 200 kilómetros a la redonda, sin contaminación lumínica, sin ruido; solo el cielo, presionándote con un peso casi espiritual. A esa altitud, respirar ya es un esfuerzo. Mi cuerpo trabajaba en contra de mí, y yo contra el frío. Todo dolía un poco. Pero entonces llegaban las imágenes. La Vía Láctea arqueándose sobre aquel terreno antiguo. Time-lapses que capturaban horas de movimiento del cielo en silencio. Y todo el malestar desaparecía. Lo que esas experiencias me dieron no fueron solo fotografías. Me dieron una perspectiva difícil de explicar. Estar en uno de los lugares más intactos del planeta, mirando un cielo que la humanidad ha contemplado durante miles de años, te hace sentir infinitamente pequeño y, al mismo tiempo, en paz con esa pequeñez.

P. ¿Ha cambiado este trabajo tu perspectiva sobre el planeta o la humanidad? ¿Qué es lo que más te llama la atención en este sentido?

R. La astrofotografía ha cambiado fundamentalmente la forma en que veo las cosas. No solo el cielo. Todo. Cuando observo la escala de lo que hay ahí fuera, los problemas que tenemos en la Tierra comienzan a parecer muy pequeños. No insignificantes en un sentido despectivo, sino pequeños en un sentido clarificador. Pone las cosas en perspectiva. […]. Somos improbablemente afortunados de existir, en esta roca concreta, en este momento concreto. La astrofotografía no me enseñó eso, pero me hizo sentirlo.

P.¿Cuál es el propósito detrás de este hermoso trabajo que haces?

R. Sinceramente, nunca empecé con un gran propósito. Simplemente me encanta mirar el cielo nocturno. Me encanta fotografiarlo. Eso siempre ha sido suficiente. Pero si tuviera que nombrar algo, sería esto: quiero mostrar a la gente lo que se están perdiendo […]. No porque no les interese, sino porque nadie se lo ha mostrado. Todos estamos tan atrapados en el ritmo de la vida diaria que el universo sobre nosotros pasa desapercibido. Eso es lo que me impulsa a seguir compartiendo: en Instagram, en exposiciones, en cada imagen que publico. No para abrumar a nadie con ciencia, sino simplemente para abrir una ventana… El universo no te pide nada. Solo te recuerda que hay algo mucho más grande y mucho más antiguo que cualquier cosa que te preocupe hoy.

P. ¿Cuáles son tus sueños para el futuro?

R. Mis sueños aún se están formando, y estoy en paz con eso. Soy lo suficientemente joven como para que no tenerlo todo planificado se sienta más como posibilidad que como incertidumbre. Lo que sí sé es esto: quiero que la astronomía forme parte de lo que construya. […]. Formar parte del trabajo que empuja nuestros límites hacia adelante.

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