Los ministros de Defensa de la OTAN se reunieron este jueves en Bruselas para preparar la cumbre de Ankara del 7 y 8 de julio, con un único asunto dominando la jornada: cómo cubrir el hueco que dejará Estados Unidos cuando reajuste sus efectivos en Europa para concentrarlos en el Indo-Pacífico.
El secretario general, Mark Rutte, defendió el reajuste como una señal de éxito de la Alianza y argumentó que es completamente lógico que los europeos asuman una mayor parte de la carga, añadiendo que resulta peculiar que 350 millones de europeos sigan necesitando tanta ayuda de un país situado a ocho horas de vuelo para defenderse contra 140 millones de rusos. Rutte insistió en que Estados Unidos mantiene su compromiso con la OTAN y seguirá aportando el paraguas nuclear, pero que las capacidades convencionales deberán redistribuirse.
Los aliados europeos calificaron el reajuste de comprensible y previsible, pero reclamaron a Washington tiempo y una retirada sincronizada para evitar lagunas peligrosas de capacidades. España, Alemania y Países Bajos figuran entre los países que trabajan ya para reemplazar parte de los medios estadounidenses.
Las capacidades más difíciles de sustituir son los medios estratégicos de alto valor: cazas, aviones cisterna, aeronaves de vigilancia, plataformas de transporte, sistemas de inteligencia, guerra electrónica y determinadas capacidades navales.
La OTAN acordó modernizar su capacidad nuclear y reforzar las estructuras de planificación de su disuasión estratégica, con mejoras en los mecanismos de coordinación y preparación de la misión nuclear, para garantizar que la disuasión siga siendo creíble en un entorno marcado por la guerra en Ucrania y el deterioro de las relaciones con Rusia. Los ministros aprobaron también nuevos objetivos en defensa aérea, munición, movilidad y fuerzas de respuesta rápida




